El cielo ilusorio
—Cielo e infierno, ensayo de Emanuel Swedenborg—
Resumen: Jorge Luis Borges (Argentina)
Swedenborg narra la historia, patética, de un hombre que durante su vida se ha propuesto ganar el cielo; entonces, ha renunciado a todos los goces sensuales. Se ha retirado a la tebaida. Ahí se ha abstraído de todo. Ha rezado, ha pedido el cielo. Es decir, ha ido empobreciéndose. Y cuando muere, ¿qué ocurre? Cuando muere llega al cielo, y en el cielo no saben qué hacer con él. Trata de seguir las conversaciones de los ángeles, pero no las entiende. Trata de aprender las artes. Trata de oír todo. Trata de aprender todo y no puede, porque él se ha empobrecido. Es, simplemente, un hombre justo y mentalmente pobre. Y entonces le conceden como un don el poder proyectar una imagen: el desierto. En el desierto rezaba como rezaba en la tierra, pero sin despegarse del cielo, porque él sabe que se ha hecho indigno del cielo mediante su penitencia, porque él ha empobrecido su vida, porque él se ha negado a los goces y a los placeres de la vida, lo cual también está mal.
(Borges oral, 1979)
«La muerte y la brújula»
—Cuento de Jorge Luis Borges—
Resumen: Humberto Jarrín B. (Colombia)
Un policía está detrás de un hombre que ha cometido ya tres crímenes. El homicida le ha ido dejando pistas. El sitio del siguiente crimen de la serie es resuelto por el policía a través de una sutileza geométrica: a partir de un triángulo equilátero que le han entregado y unas frases cabalísticas dadas, apoyado además en el método inductivo, el sagaz detective descubre que el dibujo que le ha sido configurado es un rombo que se genera por proyección o reflejo, a partir del triángulo equilátero, en cuyo cuarto punto ocurrirá el cuarto crimen.
Al final, el infeliz se da cuenta de que lo que el infame asesino ha hecho es asegurarle una ruta para acudir al lugar del crimen donde el delincuente lo pueda matar, porque la cuarta víctima escogida desde un principio ha sido el propio policía.
(La furia)
«Continuidad de los parques»
—Cuento de Julio Cortázar—
Resumen: Guillermo Bustamante Zamudio
Un hombre retoma la lectura de una novela y se deja interesar lentamente por la trama. Se acomoda en su sitio preferido: el estudio que mira hacia el parque de los robles, de espaldas a las posibles interrupciones que entrarían por la puerta; los cigarrillos, a la mano; el sillón es de terciopelo verde y alto respaldo. Se dejó interesar lentamente por la trama de la novela: unos amantes planean matar a alguien; ella sigue la senda que va al norte, él sigue los puntos de un plan estrictamente establecido que, paso a paso, lo llevan al cuarto donde está su víctima: un hombre que lee en un sillón alto de terciopelo verde, de espaldas a él, que entra por la puerta.
(Convicciones y otras debilidades mentales)
«Un perro»
—Conocido chiste—
Resumen: Umberto Eco (Italia)
Para conseguir alimento, el perro iba cada día al Instituto Pavlov, se ponía a salivar e, inmediatamente, un psicólogo “condicionado” hacía sonar una campanilla y le traía un plato de sopa.
(Signo, 1973)
«La piel»
—Novela de Curzio Malaparte (Fragmento)—
Resumen: Alessandro Baricco (Italia)
Como en el mar estaba prohibido pescar, para honrar los banquetes de los oficiales americanos, pescaron en el acuario de Nápoles. De manera que sólo comían pescados exóticos e inusuales. Una vez liquidados los más apetecibles, optaron por los menos presentables; así, en un momento determinado, al general Cork le sirven una monumental sirena (el pez que por su similitud a los humanos generó la leyenda de las sirenas). Durante un largo instante, que no termina nunca, todos ven con horror a una niña en lugar de un pez, una niña guisada, en un lecho de lechugas, toda desfigurada por la cocción. Al fin, no se la comen, aunque acabaron convencidos de que era un pez. El toque final, magistral, lo pone el capellán cuando pretende enterrarla en el jardín, por si acaso.
(Una cierta idea del mundo, 2013)
«La casa de las bellas durmientes»
—Novela de Yasunari Kawabata—
Resumen: Alessandro Baricco (Italia)
Un extraño burdel, viejos clientes ya impotentes y unas jóvenes hermosísimas. Las jóvenes duermen bajo los efectos de potentes somníferos, y los viejos se meten en sus camas para poder pasar una noche junto a esos cuerpos magníficos. Antes o después se quedan dormidos y, cuando se hace de día, salen en silencio de la cama, mientras ellas aún están sumidas en el sueño. No hay ningún intercambio de palabras, y los viejos no saben, ni nunca sabrán, nada de ellas. Todas las jóvenes son vírgenes.
(Una cierta idea del mundo, 2013)
«Decamerón, III, 6»
—Relato de Giovanni Boccaccio—
Resumen: Tzvetan Todorov (Bulgaria-Francia)
Ricciardo Minutolo está enamorado de Catella, la esposa de Filipello. Pero ésta no le corresponde, a pesar de todos los esfuerzos de Ricciardo. Él se entera de que Catella cela en extremo a su marido y decide aprovecharse de esta debilidad de Catella. Así, él muestra su desinterés hacia ella; un día, al encontrarla, se lo confirma personalmente al mismo tiempo que le participa del cortejo que Filipello le está haciendo a su propia esposa. Catella, furiosa, desea saber todo. Nada más fácil, responde Ricciardo; ha citado a su esposa para mañana en unos baños públicos de los alrededores. Catella sólo tiene que ir en su lugar y ella misma se dará cuenta de la perfidia de su marido. Es esto lo que ella hace, pero en lugar de su esposo encuentra a Ricciardo, sin reconocerlo, pues la oscuridad de la habitación de la cita es total. Catella cede entonces al deseo de quien ella cree que es su marido, pero en seguida comienza a injuriarlo, revelándole que ella no es la esposa de Ricciardo sino Catella. Es entonces cuando Ricciardo le revela que él no es Filipello. Catella comienza a desesperarse pero Ricciardo le demuestra que el escándalo no serviría de nada ni a nadie y que, además, «los besos del amante tienen más sabor que los del marido».
(Los géneros del discurso, 1978)