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domingo, 3 de mayo de 2026

418. Triunfo Arciniegas (Colombia)


Triunfo Arciniegas - Imagen generada con IA

Triunfo Arciniegas, nacido en Málaga, Santander, en 1957, es un escritor colombiano especializado en literatura infantil y juvenil, aunque también ha cultivado narrativa para adultos, teatro y poesía. Su obra se caracteriza por la imaginación, el humor y la crítica social, con personajes recurrentes como gatos, vampiros y bandidos. Entre sus títulos más destacados figuran Las batallas de Rosalino, Caperucita Roja y otras historias perversas, El niño gato y Mujeres muertas de amor. Ha recibido premios nacionales e internacionales, como el Enka de Literatura Infantil, el Jorge Gaitán Durán de cuento y el White Ravens, consolidándose como una figura clave en la literatura colombiana contemporánea.


El inquilino

   Se recortaba las uñas de los pies la noche del viernes como una preparación para los días de descanso. Pero luego no bastó con recortarlas y pulirlas: había necesidad de pintarlas, y todos los días. Probó tonos y marcas de esmalte hasta el hastío, aunque lo dominaba el temor de que alguien le gritara quítese los zapatos, quítese los calcetines, y se riera de sus uñas pintadas como un día, años atrás y en el salón de clase, treinta bocas habían escupido sus pies mugrientos y malolientes. Casi sin proponérselo, después de una película fantástica, se pintó las uñas de las manos antes de acostarse. Asaltado por la dicha, pasó el montoncito de algodón empapado de removedor por cada una de las diez uñas esa primera mañana del resto de su vida. Decidió ser libre. Cada noche aseguró las ventanas y la puerta y durmió como una paloma, con sus veinte uñas pintadas, hasta la noche en que se derrumbó el edificio y entre los escombros de la ciudad revuelta, con su peluca rubia y las pestañas postizas, con todo lo demás, lo tomaron por una hermosa mujer.


Pequeño mío

   Al afeitarse esa mañana descubrió que tenía cara de gato: se erizó. La espantosa imagen lo persiguió durante el día, en cada pausa del trabajo: los ojos claros de dilatadas pupilas, los bigotes enhiestos, las orejas puntiagudas, y su grito, su propio grito, que le descubrió un par de pequeños y finos colmillos. En la noche, sobre el cuerpo jadeante de la mujer, maulló: tuvo sueños horribles con ratas y perros y otras bestias. Al despertar se deslizó entre las sábanas, lamió los tobillos blancos y dulces y luego, perezoso, mientras los dedos de sangrientas uñas le recorrían el lomo, bebió la leche que la mujer le trajo en el platito.


Pequeños cuerpos

   Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.


La prueba

   Me miró con lástima cuando le dije que estaba dispuesto a cumplir la prueba de cortar a medianoche una rosa de su jardín. El rumor de la desaparición de sus novios sólo era una calumnia más de las mujeres que envidiaban su hechizadora belleza. Los perros ladraban furiosos, reluciendo sus amenazantes colmillos y tensando hasta el martirio las cadenas, mientras la mujer me conducía de la mano hasta la puerta. Hizo un gesto y los perros escondieron el rabo entre las piernas y se enroscaron como serpientes. 
   Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salvé el muro del jardín. Corté la rosa y entonces los perros me rodearon sin hacerme daño porque ya era uno más, con rabo y colmillos. Mientras me revolcaba de dolor sobre la tierra, entendí que el mensaje de sus ladridos no era de amenaza sino de advertencia, y escuché el llanto de la mujer en el fondo de la casa.


Amantes

   El hombre y la mujer, enloquecidos, se devoraron en la oscuridad. Poco antes del mediodía, distraída y sin prisa, la camarera corrió las cortinas, recogió las prendas desparramadas por el cuarto y las depositó en el bote de los desperdicios. Luego cambió las sábanas.


Mientras mamá lava su cuerpo

   Como todos los domingos, el niño patea la pelota de colores en la calle. La pelota se desliza sobre el cemento mientras mamá hace el amor, sube al andén como una babosa mientras mamá toma la bata y corre a lavarse, se ríe entre las hojas secas mientras el agua envuelve a mamá desnuda y dichosa. El niño la llama, la grita, la mima, y la pelota se niega desde la sombra de los árboles mientras mamá cierra la llave y se embadurna de jabón, entre las hojas secas mientras el agua se lleva el jabón del cuerpo desnudo de mamá. Cuando el niño atraviesa la calle corriendo y mamá sale del baño despacio, el auto ciego lo golpea, mamá deja la bata sobre la cama mientras papá enciende otro cigarrillo, lo avienta descalzo hasta los árboles, mamá escoge su vestido más hermoso para este domingo plácido mientras papá fabrica volutas de humo con dedicación de artesano, hasta un montón de hojas secas, mamá peina perezosamente sus sedosos cabellos mientras papá recuerda los senos de otra, recién vista en el cine, hasta una pelota de colores que disfruta la sombra de los árboles sobre un montón de hojas secas, mamá tararea esa linda canción hasta que papá arroja la colilla y la atrapa por la cintura, hojas secas que se quiebran bajo el peso del pequeño cuerpo, mamá olvida la canción.


Sísifo

   El hombre dio muerte a la mujer y sepultó su cuerpo en el desierto. La tarea le llevó toda la noche. Al volver a casa encontró a la mujer en el lecho, con los ojos perdidos y la mano sin aliento estirada hacia el teléfono. Aunque no tenía que darle muerte de nuevo, el hombre comprendió que gastaría toda la noche sepultando el cuerpo en el desierto, y así todas las noches del resto de su vida.


Todos los textos son tomados del libro "Noticias de la niebla" (2002)