Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento. Hecha en Colombia.
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domingo, 23 de agosto de 2026

426. Nasrudín, minicuentos sufíes V

Nasrudín y Tamerlán (ChatGPT)

Mantos

   Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.
   —¡Es extraordinario! —dijo—: llevo el más cálido de mis mantos forrado de piel y, sin embargo, estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?
   —Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío —contestó Nasrudín.
   
   
 ¿Cuánto tiempo viviré?

   Tamerlán soñó que estaba en su lecho de muerte y era destinado a las llamas ardientes del infierno. Preocupado por la pesadilla, llamó a sus astrólogos. Y les preguntó, uno tras otro, cuánto tiempo viviría.
   El primero dijo al emir que viviría veinte años. El segundo, que viviría cincuenta. El tercero, que viviría cien. Y el cuarto le dijo que no moriría nunca.
   —¡Verdugo! —rugió Tamerlán—: decapita a estos hombres. Tres de ellos me han dado demasiado poco tiempo, y el cuarto trata de salvar su cuello.
   Luego, volviéndose a Nasrudín, le dijo:
   —Tú me has leído a veces el futuro, ¿qué tienes que decir?
   El mulá contestó:
   —Gran emperador, da la casualidad de que también yo tuve un sueño la noche pasada en que un ángel me comunicó el día exacto de vuestro fallecimiento.
   —¿Y qué te dijo? —preguntó Tamerlán con inquietud.
   —Que moriríais el mismo día que yo.
   
   
Disturbio social

   A Tamerlán —soberano del mundo— le llegó la noticia de que, en un rincón lejano de su imperio, los campesinos estaban amotinados y habían asesinado al propietario opresor. Muy molesto, llamó a sus generales para que sofocaran la insurrección.
   —Llevad la infantería que necesitéis. Coged escaleras con las que trepar las murallas de la ciudad; y elefantes y camellos para sobrecoger a todo hombre, mujer y niño; y cañones para reducir el lugar a polvo.
   —Has olvidado la única arma que podría calmar los disturbios mejor que el elemento más poderoso de tus fuerzas —musitó Nasrudín al oído del rey.
   —¿Cuál es? —preguntó Tamerlán expectante.
   —Un hombre sensible que escuche las quejas de los nativos y luego ocupe su puesto como señor.
  

Necesidades insignificantes

   El imam encontró a Nasrudín sentado en la cocina con su perro.
   —¡Maldito infiel! —gritó—. ¿Has olvidado que el patriarca Noé dividió a los animales en dos categorías: puros e impuros?
   —¿Y en qué categoría cae mi perro guardián?
   —¡En la categoría de impuro, desde luego! ¡Haz salir ese perro asqueroso de tu casa o sufrirás la ira de Dios, que enviará a sus ángeles a tu miserable morada!
   —¿Y Los Ángeles de Dios ahuyentarán a los ladrones y cuidarán de mis cabras?
   —¡Lunático! —replicó el imam—. ¿Por qué los santos ángeles deberían preocuparse de tus insignificantes necesidades?
   —Entonces, y a riesgo de enfadar a Dios, me temo que voy a conservar mi perro.   

 
Nasrudín y su perro (ChatGPT)
   
Los números no mienten

   Nasrudín quedó asombrado cuando su nueva esposa dio a luz a un niño tres meses después de que se hubieran casado.
   —Corrígeme si estoy equivocado —preguntó a la mujer—, pero ¿no son habitualmente nueve meses?
   —¡Hombres! —gruñó ella—. Nunca comprenderéis estas cosas. Dime: ¿cuánto tiempo llevas casado conmigo?
   —Tres meses.
   —¿Y cuántos llevo yo casada contigo?
   —Tres meses.
   —¿Y cuánto suman tres y tres?
   —Seis.
   —Así pues, coge seis, súmalo a los meses que he estado embarazada y verás que seis y tres son nueve.
   —¡Qué insensato fui al desconfiar de ti! 
   
   
Cuestión de proporción
 
  Nasrudín estaba empleado como cocinero del Tamerlán el Conquistador. Una noche, un invitado frunció el ceño y sacó una mosca de su cuenco de sopa. Ofendido, Tamerlán llamó al cocinero.
   —Tendría que ahorcarte por tu falta de atención. ¡Hay una mosca en ese cuenco de sopa!
   —No veo a qué viene todo este jaleo, ¡oh conquistador del cielo y la tierra! Sin duda, una mosca no puede beber más que una parte insignificante de sopa.


Presunción

   La esposa de Nasrudín terminó de hacer un manto de invierno para su marido. El mulá se lo puso, enrolló alrededor de su cabeza un turbante, y salió a presumir. De pronto se le acercó un extranjero:
   —Por favor, léeme esta carta. Está escrita en árabe y no conozco esa lengua.
   —Tampoco yo conozco el árabe —le dijo Nasrudín y se la devolvió.
   —Pero estás vestido como un árabe, sin duda hablas tu lengua natal.
   El mulá se quitó el turbante y el manto, y los puso sobre el hombre.
   —¡Ahora que eres árabe, lee tú mismo la carta!



El mundo de Nasrudín. Cuentos sufíes - Compilador: Idries Shah