• Nace: 23 de febrero de 1903, Praga (Imperio austrohúngaro).
• Muere: 8 de septiembre de 1943, Berlín, ahorcado por la Gestapo.
• Periodista y escritor, miembro del Partido Comunista de Checoslovaquia.
• El 8 de septiembre se celebra el Día Internacional del Periodista en su honor, como símbolo de la defensa de la libertad de prensa y resistencia contra la opresión.
Los siguientes textos son recortes de Reportaje al pie de la horca (1943), su obra clave, escrita clandestinamente en prisión.
Una voz
Oyes partir de entre nosotros gente sana, robusta y llena de vida que después de dos, tres horas de interrogatorio vuelve mutilada y desecha. Oyes una voz sonora anunciar su partida para el interrogatorio y, a la hora, una voz rota, ahogada por el dolor y la fiebre, te anuncia su vuelta. Y algo peor: ves a personas marchar con la mirada limpia y franca que, al volver, no pueden ya mirarte a los ojos. Quizá se ha tratado tan sólo de un pequeño momento de debilidad allá arriba, en el despacho del comisario. Un único momento de vacilación, nada más que un relámpago de miedo o de deseo de salvar el propio yo.
Restableciendo el orden
Un cartero, detenido por error, permanece abajo, junto a la pared, esperando ser puesto en libertad. Oye su nombre y responde a la llamada. Lo alinean en la columna de los condenados a muerte, se lo llevan, lo fusilan y, al día siguiente, comprenden que era otro el que debía haber sido fusilado, averiguan que se trataba sólo de nombres idénticos. Fusilan entonces al otro y todo queda en orden.
Lápiz y papel
Kolín era el vigilante, con uniforme de SS, que me conducía a la celda. Hizo un ademán de registrarme los bolsillos y me preguntó:
—¿Qué le pasa?
—Me han dicho que mañana seré fusilado.
—Es posible. Si no mañana, más tarde, o quizá no lo hagan nunca. Es bueno estar preparado. Por si acaso… si quiere usted enviar un recado para alguien, o si quiere escribir… no para ahora, ¿comprende?, sino para el futuro: cómo ha llegado aquí, si alguien le ha traicionado, qué conducta observaba éste o aquél… para que todo lo que sabe no se marche con usted…
¡Adivinó mi más ferviente deseo! Al rato, me trajo papel y lápiz. Los oculté cuidadosamente para que no pudieran ser encontrados en los registros. Era demasiado hermoso, no podía tener confianza: encontrar, en esta casa sombría, unas semanas después de tu detención, a un amigo que, con el mismo uniforme de aquellos que no tienen para ti más que gritos y golpes, te da la mano para que no perezcas sin dejar huellas, para que puedas dejar un mensaje a los hombres del futuro, para que puedas hablar, al menos por un instante, con los que sobrevivirán.
Cinismo
Mi comisario no es un apasionado del dinero ni de los muertos, aunque su lista no sea menor. Es un aventurero dominado por el deseo de ser alguien. Los interrogatorios, a menudo, eran para él una ocupación aburrida. El arresto: esa era su obra maestra. Y luego le gustaba ver a la gente esperando su decisión.
Era más interesante y complicado que los otros. Tenía una imaginación más rica y sabía utilizarla. Fuimos juntos a una cita inventada en Braník [arrabal praguense]. Allí nos sentamos en una fonda al aire libre, mirando cómo la gente pasaba a nuestro lado.
—Te hemos detenido y mira: ¿ha cambiado algo por eso? La gente pasea como antes, ríe, tiene sus preocupaciones igual que antes. El mundo marcha como si tú jamás hubieras existido. Seguramente, entre ellos hay más de uno de tus lectores. ¿Crees que por ti tendrán una arruga más?
Creer
Mi comisario me metió en un coche y me condujo, atravesando Praga, a Hradčany, sobre la calle Neruda:
—Sé que amas Praga. ¡Mírala bien! ¿Es que no quieres volver nunca más a ella? ¡Qué hermosa es! E igual lo será cuando tú ya no existas…
Desempeñaba bien el papel de Tentador. Aquella tarde de verano se respiraba ya en Praga la proximidad del otoño. Tonos azules envolvían la ciudad, empolvada como las uvas maduras y embriagadora como el vino. Hubiera querido mirarla hasta el fin del mundo… pero le interrumpí.
—… y será más bella todavía cuando vosotros no estéis aquí.
Rio brevemente. No con malicia, sino más bien con tristeza y dijo:
—Eres un cínico… cuando nosotros no estemos ya… pero ¿es que todavía no crees en nuestra victoria?
Tal vez me lo preguntaba porque ya no creía en ella.
Policías locales
Por su propia iniciativa, jamás han hecho mal a nadie, pero tampoco han ayudado nunca a nadie. No piensan más que en su propio pellejo.
Su sensibilidad los convertía en excelente barómetro político:
¿Se muestran reservados, muy oficiales?… puedes estar seguro: los alemanes avanzan sobre Stalingrado.
¿Son amables y entablan conversación con los detenidos?… los alemanes han sido rechazados en el Stalingrado.
¿Hablan de su viejo origen checo y de cómo han sido obligados a entrar al servicio de la Gestapo?: el ejército rojo avanza ya seguramente sobre Rostov.
Un clandestino
Los vigilantes lo alaban: ¡qué trabajador!, ¡cómo cumple su deber! Mientras tanto, él conoce la población de las celdas, a cada nuevo preso, sabe por qué está aquí, quiénes son sus compañeros de proceso y qué conducta tienen. Intenta penetrar en sus secretos. Todo para poder dar un consejo o transmitir bien un mensaje. También conoce al enemigo. Observa cuidadosamente a cada vigilante. Estudia sus costumbres, su lado fuerte y su lado débil, en qué aspectos hay que estar sobre aviso con él y en qué cuestiones puede ser aprovechado, cómo amansarlo, cómo engañarlo. Así, gana libertad de movimiento en los corredores y realiza un trabajo seguro y eficaz.
Cada día y cada hora crean una nueva situación y necesita nuevos métodos. Dispone de poco tiempo: golpea la puerta de la celda, escucha el mensaje preparado de antemano y lo transmite de manera concisa y clara al otro punto del corredor, antes de que suba el nuevo vigilante. Centenares de mensajes escritos han pasado por sus manos. Ninguno fue retenido y jamás despertó sospechas. Sabe dónde aprieta el zapato de cada uno, dónde hay que elevar la moral, dónde dar un informe preciso sobre la situación de afuera, dónde la mirada de sus ojos puede dar fuerza al desesperado. Sabe dónde un trozo de pan o una escudilla de sopa suplementaria pueden hacer olvidar el “hambre criminal”.
En ningún sitio puede dejar de ser un luchador; no puede cruzarse de brazos, abandonarse a la inactividad. Aquí, ante el mayor peligro y bajo la presión más dura, tiene un sitio. Aquí ha crecido.
