Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento en Colombia y Latinoamérica.
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domingo, 19 de septiembre de 2021

297. Animales prosaicos V


Tigre
   Leonardo da Vinci

   Nace en Hircania. Es animal terriblemente veloz. Después de llevarse sus cachorros, el cazador pone algunos espejos en el sitio de donde los robó y huye enseguida, montado en su rápido caballo. Cuando vuelve la madre y observa los espejos puestos sobre el suelo, se mira en ellos y cree ver a sus cachorros. Arañando con sus garras, descubre el engaño y, entonces, husmeando el olor de los cachorros, sale en persecución del cazador. Cuando éste la ve cerca, deja caer uno de los cachorros, que la madre coge y lleva enseguida a su cueva, volviendo luego a correr tras el cazador, el cual abandona otro cachorro, y así hasta llegar con los restantes al bote que lo espera.
(Aforismos)


El orangután
   Georg Christoph Lichtenberg

   Los indios consideran al orangután como uno de los suyos y toman su mudez natural por un signo de testarudez de cuya práctica intentan disuadirlo vanamente mediante frecuentes palizas.
(1768 - Aforismos)

El caballo
   Erasmo de Rotterdam

   El caballo tiene los mismos sentidos que los hombres y se ha convertido en compañero suyo. Es partícipe de las desdichas humanas.  Y así, es frecuente verle reventar en las carreras por huir de la vergüenza de la derrota, o caer en la batalla lleno de heridas, y junto con el jinete morder el polvo cuando llenan el aire los gritos de victoria. Y paso en silencio el bocado y el freno, la aguda espuela, la prisión de la cuadra, los latigazos, los palos, las trabas, el jinete y, en resumen, toda la tragedia de la esclavitud, a la que voluntariamente se condena cuando, imitando a los héroes, se entrega por entero al deseo de vengarse de sus enemigos.
(El elogio de la estulticia)


El canario
   Jules Renard

   ¿Por qué se me ocurriría comprar este pájaro? El pajarero me dijo: «Es un macho. Espere una semana para que se adapte, y cantará». Pero el pájaro se obstina en permanecer callado y lo hace todo al revés. Tan pronto como lleno su comedero, saca los granos con el pico y los lanza a los cuatro vientos. Ato con una cuerda una galleta entre dos barrotes de la jaula. Solo picotea la cuerda. Empuja y golpea la galleta como con un martillo y esta termina por caerse. Se baña en el agua limpia del bebedero y bebe en su bañera. Y defeca indiferentemente en los dos. Debe imaginar que el pastelito es una pasta con la que los pájaros de su especie construyen los nidos y, nada más verlo, se acurruca en él. No ha comprendido aún para qué sirven las hojas de lechuga y solo disfruta haciéndolas añicos. Cuando se le ocurre coger un grano, le cuesta un mundo tragárselo. Lo pasea de un lado al otro del pico, lo aprieta, lo aplasta, y mueve la cabeza como si se tratara de un viejito sin dientes. El terrón de azúcar no le sirve. ¿Es una piedra que sobresale, un balcón, una mesa poco práctica? Prefiere las barras de madera. Tiene dos que se superponen y se cruzan. Me aburre verlo saltar. Se asemeja a la estupidez mecánica de un péndulo que no marca nada. ¿Qué placer obtiene saltando así? ¿Qué necesidad le hace saltar? Si descansa de una aburrida gimnasia agarrado con una pata a la barra que parece estrangular, con la otra busca instintivamente la misma barra.
   Tan pronto como se enciende la estufa con la llegada del invierno, cree que es primavera, época de su muda, y se despoja de todas las plumas. La luz de mi lámpara perturba sus noches, desorganiza sus horas de sueño. Se acuesta al atardecer. Dejo que la oscuridad lo envuelva. ¿Sueña quizá? Bruscamente, acerco la lámpara a la jaula. Abre los ojos. ¡Cómo! ¿Ya es de día? Y, rápidamente, comienza de nuevo a agitarse, a bailar, a agujerear una hoja, abre la cola en abanico, despliega las alas. Apago la lámpara y lamento no poder ver su cara estupefacta.
   Pronto me canso de este pájaro mudo que solo vive al revés y lo suelto por la ventana… No sabe gozar de la libertad como no sabe vivir en una jaula. Alguien va a cogerlo fácilmente con la mano. ¡Pero que no se le ocurra devolvérmelo! No solo no ofrezco ninguna recompensa por él, sino que juraré que no conozco a ese pájaro.
(Histoires naturelles, 1894)

La vaca
   Luis González de Guzmán

   Sirve principalmente para inducir a meditación. Y, adjetivamente, para hacer taburetes, peinetas, correas, perchas, queso y corridas de toros.
(Poesía Nº 108 [1996]. Valencia, Venezuela)


El pez
   Liliana Montes Barahona

   He recorrido cada rincón de este planeta, cada grieta que existe me la sé de memoria, cuanto recoveco, surco o abismo lo conozco al derecho y al revés. Así que con mi conocimiento y experiencia puedo afirmar a ciencia cierta que el agua no existe.
(Tercera antología del cuento corto colombiano)


El lobo
   Cayo Petronio Arbiter

   Logré que uno de mis compañeros de hostería —un soldado más valiente que Plutón— me acompañara. Al primer canto del gallo emprendimos la marcha; brillaba la luna como el sol a mediodía. Llegamos a unas tumbas. Mi hombre se para; empieza a conjurar astros; yo me siento y me pongo a contar las columnas y a canturrear. Al rato me vuelvo hacia mi compañero y lo veo desnudarse y dejar la ropa al borde del camino. De miedo, se me abrieron las carnes; me quedé como un muerto: lo vi orinar alrededor de su ropa y convertirse en lobo.
   Luego rompió a dar aullidos y huyó al bosque.
   Fui a recoger su ropa y vi que se había transformado en piedra.
   Desenvainé la espada y, temblando, llegué a casa. Melisa se extrañó de verme llegar a tales horas. “Si hubieras llegado un poco antes —me dijo— hubieras podido ayudarnos: un lobo ha penetrado en el redil y ha matado las ovejas; fue una verdadera carnicería; logró escapar pero uno de los esclavos le atravesó el pescuezo con la lanza.
   Al día siguiente, volví por el camino de las tumbas. En lugar de la ropa petrificada había una mancha de sangre.
   Entré en la hostería; el soldado estaba tendido en un lecho. Sangraba como un buey; un médico estaba curándole el cuello.
(Satiricón)