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| Max Beckmann - Mujer vestida con enaguas blancas Diseño: Orlando López |
Temor a los truenos
Yasunari Kawabata (Japón)
Yoshida Shichizaemon, de la aldea de Haji en el condado de Amada, en Tanba, era tan devoto de sus padres que el señor feudal lo elogió por su piedad filial y lo eximió de pagar impuestos a la tierra. La madre de Shichizaemon tenía tal pavor a los truenos que palidecía incluso con el sonido de un tambor. Por eso, cada vez que se oía un trueno, Shichizaemon volvía corriendo a su casa sin importar dónde se encontrara o qué estuviera haciendo. En verano no se alejaba más allá de la aldea vecina. Y no sólo eso. Incluso tras la muerte de su madre, Shichizaemon corría hasta el cementerio y envolvía con sus brazos la lápida cada vez que oía el sonido de un trueno.
Una noche, durante una tormenta, cuando estaba acurrucado sobre la lápida, abrazándola, murió fulminado por un rayo. Al día siguiente el cielo estaba despejado y resplandeciente. Pero cuando uno de los aldeanos intentó retirar el brazo de Shichizaemon de la piedra, éste se rompió en pedazos. Su negro cuerpo carbonizado era una silueta de cenizas que se deshizo cuando la tocaron. Evidentemente había sido un error intentar apartar al obediente Shichizaemon de la lápida de su madre. Una vieja recogió un dedo que estaba caído y se lo guardó dentro de una manga. Se inclinó y dijo: “Voy a dárselo de comer a mi desconsiderado y atolondrado hijo”. Otros aldeanos también empezaron a recoger partes del cuerpo.
Las cenizas fueron pasadas de generación en generación como un tesoro familiar. De niño mi madre me dio a comer algunas. Y me pregunto si es por eso que yo —y esta hija— les tememos a los truenos».
Truenos de otoño (Aki no kaminari), (1928)
Bipolar
María del Rosario Laverde (Colombia)
La primera vez que me invitó a cenar me preguntó si yo era bipolar. Temía llevarse una sorpresa como la que se había llevado en su anterior relación. Menos mal no preguntó si era una asesina, no me parece correcto decir mentiras.
Mester de Brevería, (diciembre de 2013)
La fortuna
Albert Camus (Argelia)
Un hombre se había marchado de una aldea checa buscando fortuna. Al cabo de veinticinco años, rico, había vuelto con mujer e hijo. Su madre y su hermana tenían un hotel en la aldea natal. Para sorprenderlas, había dejado a su mujer y a su hijo en otro establecimiento y había ido solo a casa de su madre, que no lo reconoció. Por broma, tuvo la ocurrencia de tomar una habitación. Enseñó mucho dinero. Por la noche, su madre y su hermana lo asesinaron a martillazos para robarle, y arrojaron su cuerpo al río.
Por la mañana vino la esposa y reveló, sin saberlo, la identidad del viajero.
La madre se ahorcó. La hermana se arrojó a un pozo.
Fragmento de L'Étranger, (1942)
La Biblia, por Moisés and Co.
Raymond Queneau (Francia)
Utilizando como materia prima el misterioso caos, el supermán Elohim crea en seis horas el cielo, la tierra y todo lo demás. Inventa, a continuación, un robot, que complementa con una robot. «Comámosle las manzanas», le dice la robot al robot. «O.K.», responde el robot. El supermán los destierra, pero ellos se dedican a multiplicarse. El supermán intenta ahogarlos, pero no lo consigue. Entonces les envía a su hijo, que trata de hacerse pasar por un pequeño robot, pero los demás no tardan en identificarlo gracias a su agente secreto, el coronel J. Iscariot. Ejecutan al hijo de supermán y lo entierran. Pero el hijo de supermán con su poderoso hombro levanta la losa de su tumba y vuela. No estaba verdaderamente muerto. Nuevos episodios aparecerán muy próximamente.
La mano de la hormiga, Antonio Fernández Ferrer, (1990)
Los sirenos
Dina Grijalva (México)
Son seres asombrosos y sensuales y propiciadores de deleite. Están dotados por la naturaleza (o tal vez por las diosas, no lo sé) de atributos felices. Porque los sirenos son lo opuesto de las sirenas: son viriles y hombres perfectos de la cintura hacia abajo y bellos peces del torso hacia arriba, con lo cual podemos proceder libremente a nuestro antojo (sin instrucciones ni peticiones engorrosas) y obtener nuestro placer. Y, además de todos los deleites que brindan, dan besitos de pescado.
Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana, (n.º 7, volumen 2, 2014)
Rememoración final
Juan Pedro Aparicio (España)
Supo de inmediato que el paracaídas no se le abriría. Pero, debido a la mucha altura, todavía tardaría varios minutos en estrellarse contra el suelo. Era tan joven que tenía muy poco que rememorar de su vida pasada mientras se dolía por la pérdida de aquella otra que ya no iba a conocer. En su mente se produjo entonces una súbita aceleración. No tenía novia; pero conoció a una chica en la piscina y se casó con ella.
Tuvieron dos hijos. El mayor se hizo militar como él. El menor, cosa sorprendente, guionista de televisión, y no le fue mal. Sus nietos, sólo dos, se llamaron Daniel y Adela, nombres que no tenían tradición en su familia. Sólo sentía la pena de no vivir lo suficiente como para asistir a la boda de su nieta, aunque, por viejo, se había acostumbrado a la muerte como un animal de compañía. Y él, cuando su cuerpo se rompió contra el suelo, ya había superado los ochenta y tres años de vida.
La mitad del diablo (2006)
Quimera
Emmanuelle Ferreira (Brasil)
Me sentaba en las tardes a jugar con mi amigo imaginario, hasta que vino su mamá a buscarlo y le preguntó por qué hablaba solo.
Mester de Brevería, (julio de 2024)

