Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento. Hecha en Colombia.
Comité de dirección: Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher.

domingo, 12 de julio de 2026

423. Escritores mexicanos II




Bodegón
   Diana Raquel Hernández

   Mientras su hermano le hace sexo oral, ella habla del libro de Boris Vian que acaba de leer. Hubo un tiempo en que los dos corrían por la casa conversando de cosas intrascendentes.


La espera
   Juan José Arreola
   
   «Nos veremos en el infierno» —me dijo ella en broma antes de apretar el gatillo— y aquí estoy todavía esperando.


Crick-crack: sonidos de la madera
   Asmara Gay

   Son las doce. Ha vuelto. Camina despacio. Cruza la sala, el comedor, el cuarto. Parece que tiene pies. Sus pasos, breves, se escuchan por toda la casa. El crujir de la madera cede a su peso. Aquí está con su crick-crack, su crick-crack de todas las noches. Ese crick-crack por el que no duermo, el crick-crack que me espera junto a la cama. El crick-crack que no existe. “No existe”, me aseguran, “son los sonidos normales de la madera.” Los sonidos normales me despertaron la primera vez con un ser anormal encima de mí. Habrá sido un sueño, como dicen, aunque pesaba, y la mirada loca y la risa frenética. “…sonidos normales de la madera…” El sonido normal de la madera, ese crick-crack por el que no duermo, ya está aquí, viene siempre, todas las noches, a verme y se sube, con su inexistencia, sobre mí.
 
 
De habernos conocido antes
   Alejandro Morales Mariaca
   
   Es una autentica lástima que no nos hubiésemos conocido antes, señorita dice el señor Hyde, mientras entierra un cuchillo en el abdomen de la mujer. Hace cinco minutos era un caballero encantador.
   Una verdadera pena ciertamente, pues apenas hace una semana yo era una joven igual a todas replica Mina Harker, antes de clavar sus colmillos en el cuello de su atacante.


Despedida devastadora
   Alexandr Zchymczyk

   En el andén de una estación de ferrocarril una dama se despide. Agita con fuerza su pañuelo mientras el tren se aleja sobre los rieles. Cuando el último vagón desaparece sus lágrimas comienzan a caer; luego cae su sonrisa, después los brazos, sus senos, las piernas… hasta que sólo queda un montón de tristeza sobre las vías y en el aire un tembloroso pañuelo blanco.


Audiencia muda
   Karla Barajas

   La luz roja atenuaba el cuerpo atlético de la bailarina, quien luego de un espectáculo artístico ejecutado con perfección no recibió ni un aplauso. Arrojó las zapatillas con fuerza, se desgarró las medias y hasta la última prenda de ropa. Los espectadores se quedaron en silencio por minutos, viendo a la exhibicionista bambolear las caderas curvas por la pista. Los silbidos y aplausos de los papás retumbaron por el circo, los reclamos de las madres no se hicieron esperar: «¿Qué estás viendo, inútil?» Los niños y niñas celebraron los más colosales berrinches que hayan presenciado. Dicen que ella lo hizo por el profundo amor al circo, al que ya casi no llegaba nadie, pero todos sabíamos que el striptease que nos salvó de la quiebra se debió a su mal carácter.


Un fantasma
   Alejandro Barron

   ¿Para qué sirve un fantasma?, ¿a dónde va todas las noches, que nunca llega?, ¿qué universo de recuerdos esconde bajo esa manta amarillenta?, ¿quién le hizo tanto daño para que esté lamentándose por los rincones de la casa?, ¿quién lo encerró en aquel armario del que siempre intenta escaparse? Ese fantasma. ¿De qué le sirve perseguir a los que no podemos dormir?, ¿qué tanto hace ahí acurrucado en la bañera?, ¿cuánto paga de renta?, ¿quién le dijo mi nombre para que me llame con tanta insistencia durante la madrugada?, ¿qué libro busca desesperadamente en mis estanterías?, ¿tanto es el hastío en el que permanece sumido, que a cierta hora de la noche tiene que encender la radio?, ¿por qué a su paso deja un halo de fría melancolía?, ¿por qué desordena los retratos de mis abuelos?