Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento. Hecha en Colombia.
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domingo, 14 de junio de 2026

421. Destilaciones II




Advertencia
   Caro Fernández (Argentina)

   Cuando muera, han de enterrarme en tierras de vides. Sobre mis huesos brotarán pámpanos de varietales finos y briosos que darán racimos jugosos, azucarados, de taninos profundos y colores fuertes. De su jugo obtendrán un vino equilibrado, seductor, único, exclusivo, que embriagará hasta la cirrosis aguda a todos los que me ignoraron y despreciaron en vida.
(Beber para contarla)


Justificación
   Georg Christoph Lichtenberg (Alemania)

   A un clérigo muy enrojecido por la bebida le pregunta otro por qué tiene esa coloración en la cara, si ellos ayunan todo el tiempo y deben expiar los pecados del mundo. «Oh —dice el primero—, es que los pecados del mundo me avergüenzan y mi rubor se ha vuelto ya tan firme como los vicios de esa gente».
(1775 - Aforismos)


Embriagaos
   Charles Baudelaire (Francia)

   Hay que estar siempre ebrio. Todo se reduce a eso; es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo, que os destroza los hombros doblegándoos hacia el suelo, debéis embriagaros sin cesar.
   Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como os plazca. Pero embriagaos.
   Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio, tumbados sobre la hierba verde de una cuneta o en la lóbrega soledad de vuestro cuarto, menguada o disipada ya la embriaguez, preguntadle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, canta o habla, preguntad qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj os contestarán: «¡Es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como os plazca».
(Pequeños poemas en prosa o Spleen de París. 1862)


Sed
   Isar Hasim Otazo (¿Polonia? ¿Colombia?)

   El náufrago encontró una botella en la playa de su islote. Estaba sellada con corcho y sellos. No contenía una nota, ni un mapa, sino vino. Tras un pequeño sorbo, dictaminó: color rubí intenso con reflejos violáceos; aromas complejos de frutos rojos, con notas de especias dulces y un ligero toque de cacao; entrada suave y aterciopelada; taninos redondos y bien integrados; persistencia larga con retrogusto de frutas negras. 
   Cuando terminó, volvió a tapar la botella y la arrojó al mar con un buen concepto: “Un vino equilibrado, elegante y con potencial de guarda”.
(Para beber he bebido, 1962)


Alcohol
   Juan Manuel Roca (Colombia)

   Lo malo del alcohol es que, en medio de una desmesurada borrachera, uno puede suicidarse y al otro día no acordarse de nada.
(Cerrar la puerta, 1993)


El beso
   Antón Chéjov (Rusia)

   El beso lo inventó en la antigüedad remota una mujer pícara y lista que le daba un beso a su marido cuando llegaba tarde por la noche para averiguar si había bebido.


Fermentación
   Guillardo Serramante (España, Cundinamarca)

   En el pueblo decían que la casa —construida sobre una antigua bodega— estaba embrujada. Los nuevos dueños la compraron por el precio, pero cada septiembre, las paredes olían a mosto. Pintaron las pareces con cal, pero siempre que llegaba la vendimia, el olor volvía.
   Una noche, un vaso, que había quedado vacío junto a la pared, amaneció lleno de vino. El dueño de casa se desesperó y mandó a llamar al cura, pero la mujer llamó a la calma; probó el vino y exclamó:
   —Es un vino joven, pero promete.
(Breviario de la embriaguez, 2009)