Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento. Hecha en Colombia.
Comité de dirección: Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher.

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domingo, 26 de junio de 2022

317. Cartas III


Carta junto a una carta
   Lorena Escudero (España)

   Amor. Con esta nota intentaré paliar la sorpresa por mi marcha, explicar la razón de la carta que acompaña. Durante todo este tiempo he escrito sobre las cosas que he callado, que no queríamos oír. Pensamientos destinados al silencio que oprimían mi garganta y debían ser expulsados de algún modo. Así comencé a escribirte cartas. En algunas te explico cuánto te quiero y por qué sé que lo nuestro funcionará. En otras te odio y te culpo de que lo nuestro no funcione. Todos los matices de ambos extremos han sido volcados al papel. Y son demasiadas cartas. 
   Amenazan mi cordura apilándose en las estanterías. Su número advierte que no pueden ser ignoradas, que ha de haber un final. Así que he cogido una al azar. No sé cuándo fue escrita, ni si contiene un dulce o amargo desenlace, pero ya no importa. Te dejo que leas. Siempre.
(Los pescadores de perlas, 2019. Ginés S. Cutillas [ed.])


Estimado oficinista
   Ulises Paniagua (México)

   Para aclarar la situación, dejo este mensaje sobre la pantalla de su PC. No se presente más. Hace dos quincenas nos enteramos del accidente automovilístico, lo cual nos apesadumbró. Incluso colocamos una veladora en la copiadora general (lo que atenta contra las reglas de la empresa). Hemos hecho suficiente, así que, es una súplica, ya no venga. Comprendemos la situación delicada, la necesidad de un empleo, que piensa en el bienestar de su familia. Pero su extremada palidez, las cicatrices que le heredó el accidente y, sobre todo, la pestilencia que despide, han mermado la productividad de los compañeros, quienes se quejan de su higiene. Recapacite. Sea fuerte. Acéptelo: usted está muerto. No queremos negarle el acceso al corporativo.
   Sin otro particular, se despide de usted su jefe inmediato.
   Licenciado Ontiveros.


Te envío este mensaje por si no ves la carta
   Xavier Blancom (España)

   «Calculo que te quedan tres horas para aterrizar. Cuando regreses, encontrarás una carta sobre la mesa, junto a la botella de aguardiente. Son sólo dos hojas. Léelas, Juan. No debes alarmarte por el dinero que tienes escondido. Sigue ahí. Me llevo muy pocas cosas: cuatro vestidos, el temblor en las manos, un par de zapatos y el último bofetón. Tienes el traje y las camisas en el armario. Todas planchadas. No te preocupes. En la nevera encontrarás lentejas y croquetas. Como te gustan a ti. No me esperes para cenar. No me esperes. Tu Mari».
(Los pescadores de perlas, 2019. Ginés S. Cutillas [ed.])


La nota
   Georg Christoph Lichtenberg (Alemania)

   La otra vez le mandé decir con mi criado que no estaba en casa. Pero, después de la nota que usted me ha escrito, será para mí un honor decírselo personalmente en la escalera la próxima vez que tenga a bien honrarme con su visita.
   Quedo de Usted…
(Aforismos – L [1796-1799])


La carta
   Luis Mateo Díez (España)

   “Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y antes de empezar la tarea diaria, escribo una línea en una larga carta donde, desde hace seis años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio”.


Carta a un reportero
   Antón Chéjov (Rusia)

   Esta semana hubo seis incendios grandes y cuatro pequeños. Se suicidó un joven por el amor apasionado hacia una dama, y esa misma dama enloqueció al conocer su muerte. El reportero Guskin se ahorcó porque había consumido en exceso. El día de ayer se hundió un bote con 2 tripulantes y un niño pequeño… ¡Pobre niño! En los jardines públicos de La Arcadia, le agujerearon la espalda a cierto comerciante y casi le rompen la crisma. Atraparon a cuatro ladronzuelos bien vestidos, y un tren de mercancías naufragó. ¡Lo sé todo, estimado señor mío! ¡Qué circunstancias tan diferentes! ¡Cuánto dinero tiene usted ahora y no me da a mí ni un kopek! ¡Los buenos caballeros no hacen eso!
   Su sastre, Zmirlov


La carta
   Lilian Elphick (Chile)

   Preclarísima Reina: Finalmente llegué a las Indias. La Pinta zozobró infestada de ratas y preferí incendiar las otras naos para tomar posesión destas tierras de muchas maravillas. Aquí, en La Española, todos van desnudos, así como Dios los echó al mundo. Tienen una reina que luce una corona de flores y nos ha palpado nuestros raídos trajes y los cuerpos. Y se ha saboreado, la muy impía. Mandó a sus súbditos a preparar las “parrillas”. Nos van a homenajear, deso estoy seguro, así como seguro estoy de que la Tierra es redonda, como la teta de Beatriz de Bobadilla.
   Varias gentes atizan el fuego. Cantan y bailan; los niños juegan. El mar es color esmeralda y las arenas son blancas. El cielo no tiene nubes.
   Yo seré el Elegido, mi reina. Escríbale al Papa para apurar los papeles de mi canonización; seré el Santo de los Viajeros, mientras las parrillas arden y un perro devora esta carta y me llevan del brazo, a mí, el Almirante de la Mar Océana, entremedio de cánticos y risas, desnudándome, untándome con aceites y fragancias, y el calor aumenta, me quema, me inunda del dolor, me exalta, Dios mío, me arruina, me despelleja y ardo en el infierno deste nuevo mundo.
(Los pescadores de perlas, 2019. Ginés S. Cutillas [ed.])

domingo, 24 de febrero de 2019

230. Cartas II





Carta con un sueño
   Harold Kremer

   Querida Olga: 
   Sé que te extrañará esta carta y todo lo que te voy a contar. Sé que llevo trece años viviendo contigo, que eres buena mujer, que te quiero, que... tantas cosas. Nunca habíamos estado mejor. Tenemos un buen apartamento, yo tengo trabajo, los niños son una maravilla y entre tú y yo todo es armonía.
   Pero hoy me senté en la terraza a contemplar el atardecer. Bebía de mi cerveza y sonreía del espectáculo. El roble de la avenida se veía imponente, el parque bullía de niños, las cometas se hinchaban en el aire y los pájaros buscaban los nidos entre los árboles. 
   De pronto todo eso me disparó una imagen que nunca te conté: de niño soñaba con ser una cometa o un pájaro. No te lo conté porque es algo ridículo: los niños siempre quieren ser astronautas, bomberos o policías. Yo quería volar, pero no dentro de un avión o como astronauta. No. Yo mismo quería ser el pájaro o la cometa. Y en ese instante empezaron a pasar las golondrinas. Millares y millares. Algo me impulsó a la azotea y allí supe que podía ir tras ellas. Bajé rápido a escribirte esta carta. Allá veo venir otra bandada. Me iré con ellas y creo que no volveré. Te quiero y besos a los niños.
   Pedro
   PD.: Si nada de esto funciona dile a los niños que resbalé de la terraza.
(El combate)


Cartas
   Raúl Vacas

   Señor concejal te amo Irma me dirijo a usted y aunque tus ojos ni vigilen mis pasos para informarle que te amo de igual manera después de conocer las cifras y estoy dispuesto a quererte de todos estos años de gestión y al no olvidarte nunca no estoy nada de acuerdo y a quererte más con usted con el corazón y por eso le escribo muchos besos Irma adiós señor concejal un beso atentamente en los labios a dos de marzo mi pequeña Irma de mil novecientos adiós noventa y seis.
(Consumir preferentemente)


Carta novísima y nefasta
   Antón Chéjov

   ¡Su excelencia!
   Ayer supe, casualmente, que las condecoraciones que recibí hacia año nuevo se las debo no a mis méritos personales, sino a mi esposa. Mi servicio con usted, por supuesto, es ya imposible, y le ruego sobre el traslado.
   Reciba la aseveración de mi desprecio hacia usted, y demás.

Fulano de Tal.


Carta documento
   Juan Romagnoli

A mi sobrina Daniela

   Rechazo su CD con fecha de ayer por falaz, injuriante, improcedente y carente de todo sustento fáctico y jurídico. Niego y rechazo la misma en todos y cada uno de sus términos. En particular: a) Niego que existiese vínculo amoroso alguno entre Usted y quien suscribe; b) Niego que existiese obligación de declararle mi amor cuando éramos niños, atento la falta de vínculo expuesto; c) Niego que haya incurrido en infidelidad, acosado por “esas perras que deberían procurarse su propio hombre”; d) Niego de raíz que haya tallado nuestros nombres y un corazón en el tronco de aquel árbol; e) Niego que me haya enamorado perdidamente de sus ojos claros, de mirada fría; f) Niego que haya sido el gran amor de su vida y que deba devolverle todos los besos recibidos; g) Niego que sus piernas me hayan trastornado la razón, y que sus caderas sean mi talón de Aquiles; h) Niego que alguna vez me haya saciado de miel en sus pechos; i) Niego que la amo con locura y hasta la locura; j) Niego que ya no deba seguir mortificando más a su corazón pues Usted, sencillamente, carece de uno; k) Niego que niego. Niego y reniego. De modo que absténgase en lo sucesivo de realizar intimidaciones improcedentes bajo apercibimiento de interminable llanto viril, y la hago responsable por los daños y perjuicios que su accionar antijurídico le ocasione a mi vapuleado corazón. Queda usted debidamente notificada y emplazada conforme a derecho.
(Narrar es humano)


Carta del enamorado
   Juan José Millás

   Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.


Cartas al lector
   Jaime Lopera Gutiérrez

   Señor Director,
   El reciente artículo del señor Platón —cuyo nombre de pila desconozco, pese a ser uno de sus más empecinados lectores por muchos años, no obstante lo cual se me antoja que puede ser un seudónimo—, ese artículo, digo, contiene alegres afirmaciones que juzgo como un insulto a la naturaleza humana. ¿Será posible decir hoy, un poco más allá de la época del tirano de Siracusa, que nosotros, ciudadanos del Peloponeso, debemos vivir encadenados en una cueva sin conocer el exterior y asumiendo que las sombras errátiles que una fogata proyecta contra esa cueva son la realidad? ¡Curioso desatino! No tengo dudas que el señor Platón puede autoproclamarse filósofo, aunque honestamente se diga discípulo de otro más aventajado que él, pero también creo que con afirmaciones como estas han cometido un grave error al creernos hombres con visiones caóticas y por ello será condenado en el resto de la vida. Atento saludo,
   Lucrecio S.


[Sin título]
   Martín Kohan

   Sobre la mesa, debajo del florero repleto con flores falsas, hay un sobre cerrado. Ella lo descubre y pregunta eso que en verdad supone, y que en el fondo ya sabe: si es carta de su hermano. La madre dice que sí. Y que esta vez no quiso abrirla para que no volviera a pasarle lo que siempre le pasa: que apenas posa la vista en la letra manuscrita del hijo ausente, antes incluso de empezar a leer lo que la carta dice, se larga a llorar. Prefiere, mejor, que ella la lea y después le cuente.
(Ciencias morales)

domingo, 20 de diciembre de 2015

147. Cartas I


Esquizofrenia
   María Teresa Balen

   Querido psiquiatra:
   Como usted me dijo que cuando tuviera un problema se lo hiciera saber, así lo hago. Se lo tengo que explicar por carta, pues cuando le conté a mamá que lo iba a llamar por teléfono para preguntarle, me lo prohibió, diciéndome que lo debía resolver yo solo y que no tenía por qué molestarlo a usted con estas cosas. Así que si lo llamo, ella se entera, ¿comprende?
   El problema es el siguiente: me han pedido en el colegio que escriba sobre un tema específico, el cual debo leer en voz alta y con gran seguridad. Las ideas deben ser claras y manifestar mi pensamiento al respecto. El tema es la Esquizofrenia. Le pregunté a papá qué quería decir, y me dijo que era un problema mental que tenían las personas que no vivían en hogares felices. Mamá me mandó directo al diccionario, busqué, pero le juro que no entendí la definición. Tato, mi hermano mayor —quien es universitario— me dijo que eso era una enfermedad producida por el mundo capitalista en que vivimos. El día de mi exposición se acerca, y aún no sé qué decir ni cómo empezar; estoy hecho un lío, cada vez entiendo menos. Espero que el jueves me explique qué debo hacer.
   Hablando de otra cosa, le cuento que he seguido fielmente sus instrucciones y creo que la cosa en mi casa está funcionando bien. La solución tardó en llegar, es personal como usted sugirió, y ha dado sus frutos. Ya no digo lo que pienso, sino lo que quieren que diga; en cuanto a hacer lo que quiero, para no molestar a nadie y poderme dar gusto, lo hago a escondidas. Creo que he dado en el clavo, pues mi casa es ahora como todas; ya no hay hijo problema. ¡Ah!, oí a mamá comentándole a una amiga por teléfono, que estaba feliz con usted pues yo ahora sí era un muchacho normal. Así que, según dijo ella, el jueves me acompañará a su consultorio para cancelarle lo que le debe, y darle las gracias en nombre de todos. Papá está feliz. Nos vemos el jueves.
   Gracias.


Estimada Greta Garbo
   William Saroyan

   Espero haya tenido la oportunidad de verme en el noticiero de los recientes tumultos de Detroit, donde me rompieron la cabeza. Nunca trabajé para Ford pero un amigo me habló de la huelga, y como no tenía nada qué hacer ese día, fui con él para ver el escenario de los disturbios y anduvimos merodeando entre pequeños grupos que criticaban diversas cosas, haciendo gala de frases bastante radicales, pero no les presté mucha atención.
   No creí que fuera a suceder nada, pero al ver los automóviles de los noticieros, me dije: “Bueno, he aquí llegada mi hora de aparecer en el cine, como siempre he deseado”. En consecuencia, me quedé por allí a la espera de mi oportunidad. Siempre estuve seguro de tener rostro fotogénico. Y me agradó mi aventura, aunque el leve accidente me retuvo en el hospital una semana.
   Sin embargo, tan pronto como lo abandoné me fui a un cine del barrio, donde vi que estaban exhibiendo el noticiero en que tomaba parte y saqué una entrada para contemplarme en la pantalla. Sin duda que era magnífico y, si usted prestó atención a la película, no pudo dejar de fijarse en mí, porque soy el joven del traje azul que pierde el sombrero al empezar la estampida. ¿Se acuerda? Volví la cabeza a propósito tres o cuatro veces a fin de que la cámara captara mi rostro y creo que me habrá visto sonreír. Quería ver cómo era mi sonrisa en la cinta, y, aunque me esté mal el decirlo, me parece bastante aceptable.
   Me llamo Félix Otría, descendiente de italianos. Me he recibido en una Escuela Superior y hablo el inglés como un nativo, a la par que el italiano. Me parezco algo a Rodolfo Valentino y a Ronald Colman y con seguridad que me gustaría saber que Cecil B. de Mille o alguno de esos personajes me ha visto y ha declarado que en mí hay buena pasta para actor de cine.
   Vi en el noticiero la parte del tumulto que no pude presenciar por haber perdido el conocimiento y debo confesar que fue bastante serio, con mangueras, bombas lacrimógenas y demás. He visto el noticiero once veces en tres días y puedo decir con seguridad que ningún otro hombre, ni civil ni policía, sobresale de la multitud como yo, y me pregunto si usted llevará el asunto ante la Empresa para la cual trabaja y ver si me toman una prueba.
   Me consta que lo haré bien y se lo agradeceré mientras viva, señorita Garbo. Tengo la voz potente y puedo representar muy bien el papel de galán, por lo que espero me hará usted este pequeño favor. Y hasta me atrevo a confiar en que, un día no lejano, pueda tener a mi cargo el papel de héroe en una película suya, ¿quién sabe?
   La saludo respetuosamente,
   Félix Otría



Carta para Suecia
   Slawomir Mrozek

   Distinguido señor Nobel:
   Solicito humildemente que me sea concedido el premio que lleva su nombre.
   Mis motivos son los siguientes:
   Trabajo como contable en una oficina estatal y, en el ejercicio de mis funciones, he escrito unos cuantos libros, a saber: el Libro de entradas y salidas, el Libro de balances y el Libro mayor. Además, en colaboración con el almacenero, escrito una novela fantástica titulada Inventario.
   Creo que le gustarían, porque son libros escritos con imaginación y tienen mucha gracia (son auténticas sátiras). Si deseara leerlos, podría prestárselos, aunque por poco tiempo, porque están muy solicitados. Quien tiene más interés es el inspector de Hacienda, ya puedo oír su voz en el despacho de al lado.
   Hablando del inspector, preveo que tendré ciertos gastos, porque me temo que los libros no van a ser de su agrado. Precisamente le escribo a usted esta carta para que el premio me permita sufragarlos. Por favor, mande el giro a mi domicilio. Dejaré una autorización a nombre de mi mujer, por si yo no estuviera ya en casa el día que venga el cartero. En tal caso, el dinero servirá para pagar al abogado o… Espere un momento, señor Nobel, acaba de entrar el inspector.
   Ya se ha marchado. ¿Sabe qué le digo, señor Nobel? Mándeme mejor dos premios. No tiene usted idea de cómo se han disparado los precios.


129
   Édgar Alan García

   Querida Matilde, le quiero dar las gracias pues, como usted sabe, yo me encontraba en un estado de depresión muy grande y gracias a su ayuda espiritual y energética, desde hace dos días me siento con otro ánimo, con el espíritu más libre y hasta le podría decir que alegre. Lo que aún no resuelvo, y en eso le ruego que me ayude, es cómo decirle a la policía lo que le hice a mi marido. 
   Atte. Laura.


Respuesta al Coronel
   Orlando Mejía Rivera

   Respetado Coronel:
   En mi calidad de funcionario del ministerio me permito responder, reconociendo cierta tardanza y pidiéndole disculpas de antemano, a su solicitud de pensión de veterano de la guerra de los Mil días. Pero antes de informarle, de manera detallada, en que van los trámites de su petición número mil ochocientos veintitrés, permítame felicitarlo en nombre de todo el Estado porque nos hemos enterado de su espíritu patriótico, digno de imitar por las nuevas generaciones, al comprender que la resignación y la paciencia son grandes virtudes ciudadanas y que, como lo ha dicho usted mismo: “El que espera lo mucho espera lo poco”.
   La célebre máxima “la justicia cojea, pero llega” es uno de los principios filosóficos de nuestro ministerio y debo mencionarle, entonces, que su pensión no ha salido todavía, porque sus documentos se traspapelaron desde el siglo pasado. Sin embargo, hemos decidido otorgarle, en compensación y mientras tanto, una hermosa medalla de reconocimiento a su valor, como el valiente combatiente que fue en las gloriosas gestas guerreras del pasado de la nación.
   Además, le quiero comunicar una última y grata sorpresa: El Estado, que siempre está pendiente de las necesidades y los intereses de su pueblo, ha tomado la determinación institucional de poner en práctica su brillante idea de manutención en tiempos difíciles. Estamos seguros de que, con esa peculiar y olorosa dieta, con la que usted ha sobrevivido todos estos años, implementada al ochenta por ciento de la población del país, lograremos mejorar los índices nutricionales y, en especial, nos constituiremos en un ejemplo natural y ecológico de “reciclaje alimenticio”, merecedor de ser replicado por el resto de gobiernos del continente.

   Atentamente,
   Pedro Pérez.
   Asistente auxiliar
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