Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento en Colombia y Latinoamérica.
Comité de dirección: Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher.

143. La educación según Jaume Trilla

Editora invitada: Nylza O. García Vera




 Educación dialógica

   Maestro . —Hoy toca dialogo. A ver, Luis, empieza tú.
   Luis. —La verdad es que hoy no tengo ganas.
   Maestro. —¿Y tú, Maribel?
   Maribel. —A mí ya me tocó dialogar el otro día.
   Maestro. —Pues que empiece Inés.
   Inés. —Si Luis no quiere, yo tampoco.
   Maestro. —¿Hay alguien en clase que quiera dialogar?
   Pedro. —A mí me gustaría, pero después del recreo.
   Maestro. —Después del recreo, toca lenguaje.
   Pedro. —¿Y no podríamos hacer ahora lenguaje y dejar el diálogo para después del recreo?
   Maestro. —¿Qué os parece la idea de Pedro?
   Maribel. —Yo estoy de acuerdo.
   Luis. —Yo no, porque ya he dicho que hoy no me apetecía.
   Inés. —¿Por qué no hacemos que los que quieran dialogar dialoguen, y que los que no, que hagan otra cosa
   Maestro. —No me parece adecuado, puesto que ya sabéis que, luego, los que no dialogan se retrasan en diálogo.
   Inés. —Pues que éstos recuperen en su casa.
   (Siguen así, hasta que suena el timbre para ir al recreo)
   Maestro. —¿Y que os ha aparecido la clase de hoy?
   Luis. —Muy bien, ya sabes que nos gustan las clases participativas.


   Modelos pedagógicos

   Por la pasarela van desfilando los personajes más valerosos, los más santos, los más sabios y los mejores artistas. El público está formado por jóvenes en proceso de formación que no paran de tomar apuntes sobre cada uno de los modelos que se les ofrecen. La tarea que tienen asignada es revisar los apuntes, elegir a uno de los personajes y abrirse al contagio de sus virtudes. El desfile se va repitiendo diariamente hasta que aquél adopta un ademán que le asemeja al Cid Campeador, aquélla a la Madre Teresa de Calcuta, el otro a Einstein, el de más allá a Miguel ángel, y así sucesivamente.
   Sólo queda un joven que persiste sin parecerse a nadie, más que a sí mismo. El educador comprende que la educación de este muchacho ha concluido con éxito y decide hacerle subir a la pasarela.


   Educación sexual

   Algunas de las novelas del Marqués de Sade son absoluta y explícitamente pedagógicas. En ellas siempre hay educadores y educandos (más educandas que educandos) muy puestos en su papel, situaciones de enseñanza (en los dos sentidos de la palabra), estrategia de motivación, propuestas de modelos y acciones ejemplarizantes, dispositivos correctivos, alguna suerte de evaluación del aprendizaje. Además, la metodología es siempre muy activa: de hecho, todo es como un practicum. Tampoco faltan, como en cualquier acción educativa que se precie, unas dosis de moralina durante el proceso y al final alguna moraleja.



Jaume Trilla
   El aula vacía

   El profesor entró en clase y la encontró desierta. Después de comprobar que no se había equivocado de aula, ni de día, ni de hora, reconoció con gran pesar que se había equivocado de oficio.


   Un profesor

   Hubo un profesor que se bajó de la tarima, empezó a tutear a sus alumnos, acabó sentándose en un pupitre de la clase y se puso a esperar a un profesor.



Pesadilla de maestro

   Se ve a sí mismo trazando las líneas de un polígono y no puede evitar que la tiza chirríe al deslizarse por la pizarra. Una niña no soporta este sonido tan desagradable e intenta evitarlo, tapándose los oídos. El maestro persiste con las líneas geométricas, se le rompe la tiza y arrastra un instante la uña por la superficie verde. La uña se le ha esquirlado y le provoca una pequeña hemorragia. La niña no aguanta más y grita. El maestro se le acerca para calmarla y mancha con su sangre el vestido de la niña. Después, a la salida del colegio, tiene que explicar a la madre de la niña la sangre de su vestido blanco.


   Reflexión y acción

   Una mañana, los alumnos  empezaron a observar en su profesor un extraño comportamiento que se fue repitiendo en días sucesivos. Interrumpía la clase y, acodándose de forma semejante al Pensador de Rodin, quedaba ensimismado durante unos segundos y luego tomaba notas en el cuaderno que siempre tenía dispuesto. Después, reemprendía la lección, como si nada.
En un curso de actualización docente le habían hablado de los “profesionales reflexivos”, de la dialéctica entre pensamiento y acción, entre teoría y práctica.