Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento en Colombia y Latinoamérica.
Comité de dirección: Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher.

60. Juegos formales II


El final
   Fredric Brown
   
   El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años. 
   —Y he encontrado la ecuación clave —dijo un buen día a su hija—. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo. 
   Apretando un botón mientras hablaba, dijo: 
   —Esto hará retroceder el tiempo el retroceder hará esto —dijo, hablamos mientras botón un apretando. 
   —Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabricado he que máquina la. Campo un es tiempo el. —Hija su a día buen un dijo—. Clave ecuación la encontrado he y. 
   Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajado había Jones profesor el. 


Los confusos
   Harold Kremer

   El rey de aquel país, para perpetuarse en el poder, se propuso crear una escuela de la confusión.
   —De ahora en adelante —explicó a sus ministros— vamos a cambiar el significado de las palabras. A la noche la llamaremos guayaba, a la golondrina la llamaremos mar, al toro lo llamaremos piedra, al rey lo llamaremos gafas y así hasta completar un nuevo idioma.
   Los ministros se pusieron a trabajar y crearon, al cabo del tiempo, un diccionario nuevo.
   Todos los niños fueron obligados a prepararse en la nueva escuela.
   Cuando estuvo lista la primera generación el rey construyó una nueva ciudad y envío allí a hombres y mujeres.
   Con el tiempo, las siguientes generaciones confusas declararon la guerra. Sus ejércitos se tomaron la ciudad, entraron a palacio y pusieron preso al rey. El jefe le dijo:
   —Gafas, por principio te basamos en el plato torcido. ¡Te disfrazamos el ajedrez por tus colas del caucho!
   Al escuchar la orden de su jefe, los hombres confusos lo llevaron a la plaza y lo decapitaron.
(El combate. Cali: Deriva, 2004)


Subraye las palabras adecuadas
   Luis Britto García
   
   Una mañana tarde noche el niño joven anciano que estaba moribundo enamorado prófugo confundido sintió las primeras punzadas notas detonaciones reminiscencias sacudidas precursoras seguidoras creadoras multiplicadoras trasformadoras extinguidotas de la helada la vacación la transfiguración la acción la inundación la cosecha. Pensó recordó imaginó inventó miró oyó talló cardó concluyó corrigió anudó pulió desnudó volteó rajó barnizó fundió la piedra la esclusa la falleba la red la antena la espita la mirilla la artesa la jarra la podadora la aguja la aceitera la máscara la lezna la ampolla la ganzúa la reja y con ellas atacó erigió consagró bautizó pulverizó unificó roció aplastó creó dispersó cimbró lustró repartió lijó el reloj el banco el submarino el arco el patíbulo el cinturón el yunque el velamen el remo el yelmo el torno el roble el caracol el gato el fusil el tiempo el naipe el torno el vino el bote el pulpo el labio el peplo el yunque, para luego antes ahora después nunca siempre a veces con el pie codo dedo cribarlos fecundarlos omitirlos encresparlos podarlos en el bosque río arenal ventisquero volcán dédalo sifón cueva coral luna mundo viaje día trompo jaula vuelta pez ojo malla turno flecha clavo seno brillo tumba ceja manto flor ruta aliento raya, y así se volvió tierra.
(Rajatabla. Caracas: Monte Avila Editores, 2007)


Microfábula (P)
   Luisa Valenzuela

   Pingüina y Pingüino parten la Patagonia en partes proporcionales: para prevenir la piratería profana, proponen. Pocos paladean la píldora: puras patrañas, protestan; puras pavadas.
Pero personas piadosas piensan que el país progresó con pingüinos en el poder y perdonan los pecados de la propiedad privada. Los peligros se pasan porque priman las pasiones primordiales por sobre las patrimoniales. Se puede participar paradojalmente pasando por pelotudos pero practicando propuestas periféricas, pacíficas y prácticas. Permitiendo proposiciones populares, planteando problemas para paliarlos en profundidad.
   La patria pide pista para planear por las plenitudes planetarias.

   Moraleja
   Suele ser más conveniente interceder en política desde el llano que volverse político.
(Ángeles Encinar y Carmen Valcárcel. Más por menos. Antología de microrrelatos hispánicos actuales. Madrid: Sial, 2011)



Regla de tres simple
   Henry Ficher

   Ejercicio 1
   X estaba cursando su segundo semestre de medicina cuando su novia, Y, lo abandonó para irse con Z, un escritor 5 años mayor que ellos. En su afán por recuperar a Y, X comenzó a frecuentar a Z y se hizo su amigo. Pasaban las tardes en el Café de los Turcos, hablando de literatura. Un año más tarde X anunció a su familia que abandonaría sus estudios de medicina para hacerse escritor. 
   
   Ejercicio 2
   B, ateo hijo y nieto de ateos, se enamoró de A, la esposa de un pastor protestante, C, quien además era su mejor amigo. A medida que crecía su pasión, más intenso se hacía su sentimiento de culpa. Un día, estacionando de reversa en el garaje de su casa, atropelló a su hijo de 5 años. Entendió que Dios lo había castigado y abrazó la fe.
   
   Ejercicio 3
   G era una virtuosa mujer de sociedad, casada con F, un congresista con fama de puritano. Un día los diarios publicaron una escandalosa historia sobre los amores ilícitos de F con J, una costurera que vivía en uno de los barrios más pobres de la ciudad. En venganza, G se retrató desnuda, excepto un delantal y cofia de sirvienta, para una revista pornográfica.

Dolores zeugmáticos
   Guillermo Cabrera Infante

   Salió por la puerta y de mi vida, llevándose con ella mi amor y su larga cabellera negra.
(Exorcismos de esti(l)o. Barcelona: Seix Barral, 1976)


Lúdico lírica (esdrújulas I)
   Rafael García Z.

   Terroríficas imágenes oníricas persíguenme frenéticamente: pétreas gárgolas góticas, hipnóticas, aplícanme enérgicamente áspero ósculo mortífero; energúmenos licántropos famélicos, arráncanme, devóranme, músculos y órganos; ángeles diabólicos cántanme estentórea música fúnebre; simultáneamente, espíritus malévolos, pútridos, ultrájanme sádicamente.
   Altísimo, mírame: encuéntrome pálido, cadavérico, mórbido… suplícote, agónicamente, proporcióname práctico antídoto onírico.
   Cálidamente,
   Mefistófeles.
(El mago natural. México: Ficticia, 2008)