Bienvenidos a la edición cibernética de la Revista Ekuóreo, pionera de la difusión del minicuento en Colombia y Latinoamérica.
Comité de dirección: Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher.

17. Minicuentos en verso

La confesión del pequeño Johnny
   Brian Patten


Esta mañana
siendo más bien joven y tonto
tomé prestada a mi padre una ametralladora
que había dejado escondida desde la guerra. Fui afuera 
y eliminé un buen número de pequeños enemigos.
Desde entonces no he regresado a casa.
Esta mañana
multitud de policías con sabuesos
merodeaban alrededor de la ciudad
con mi descripción impresa
en sus mentes, preguntando:
«¿Lo han visto?
Tiene siete años,
como Pluto, el Súper Ratón
y Biffo el Oso,
¿lo han visto por alguna parte?».
Esta mañana
sentado solo en un extraño campo de juego
murmurando una y otra vez a mí mismo
Te has equivocado Te has equivocado
resuelvo mi próximo movimiento
pero no puedo moverme;
los perros sabuesos me olfatearán:
ellos tienen mis caramelos.




Día gnóstico
   Jotamario Arbeláez


Si sale el sol es para arruinar la cosecha
Si se presenta la lluvia se desbordan los ríos
Si encendemos la chimenea se quema la casa
Si abrimos la ventana se nos entra un murciélago
No es que el Señor haya perdido el control del planeta
Es que mi amada está enferma




Aquí
   Octavio Paz


Mis pasos en esta calle
resuenan en otra calle
donde oigo mis pasos
pasar en esta calle
donde
Sólo es real la niebla






Esperando a los bárbaros
   Constantino Cavafis


—¿Qué esperamos, congregados en el foro?
A los bárbaros, que hoy llegan.
—¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados los Senadores sin legislar?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
—¿Qué legislarán los Senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen los bárbaros.
—¿Por qué nuestro Emperador madrugó
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el Emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino
con muchos títulos y dignidades
—¿Por qué nuestros cónsules y pretores
exhiben hoy rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así los deslumbran.
—¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores
a decir sus discursos y sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros
y les fastidian la elocuencia y los discursos.
—¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡qué graves se han vuelto los rostros!).
¿Por qué calles y plazas a prisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y cuentan que los bárbaros no existen.
—¿Y qué será de nosotros, ahora sin los bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.




Un agujero
   Héctor Rojas Herazo


Le pregunto al tendero gordo, 
con toda seriedad:
—¿Usted es Dios, señor?
Y él me responde,
mientras corta trocitos de jamón,
mientras mueren
poco a poco sus ojos:
—No, no soy Dios, pero sí lo conozco.
—¿Cómo es él? —le pregunto.
Y él me responde: —es así.
Y me da su tamaño, su peso, sus medidas.




Días como agujas
   Juan Manuel Roca


Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto
sólo sube, peldaño tras peldaño,
la vieja escalera que traquea.



Giordano Bruno
El pintor prudente
   Giordano Bruno

Hubo cierto sujeto que pintó gallos,
y, como no era del todo imprudente,
a fin de que no pudieran ser criticados con excesiva dureza
los torpes trazos de un artista torpe,
ordenó a sus siervos y a sus amiguetes
que ahuyentaran los gallos naturales.